Hasta luego, Monsiváis

Periódicos, libros, revistas, ensayos, cuentos, novelas, caricaturas, comics, cartones, películas, taxis, calles y hasta el Transporte Colectivo Metro están de luto. Murió el cronista de la vida en México, en la Ciudad de México, Carlos Monsiváis Aceves.

Condecorado con el Doctorado honoris causa por la UNAM hace apenas un mes, el autor mexicano se nos fue debido a una insuficiencia respiratoria que lo mermó a la cama de un hospital desde el mes de abril pasado. Hoy también estamos de luto, pues muchos gatos se han quedado sin su eterno padre amoroso y muchos hemos perdido al gran hombre público que era, pues no fue nunca raro verlo caminar por las calles del Distrito Federal, con su andar cansado y lento, pero siempre álgido y lúcido; también verlo subiendo a taxis, o tomando peceros. También en el Metro.

Carlos Monsiváis no es solamente una pieza invaluable dentro de la galería de grandes hombres para la Izquierda mexicana, sino para todo un país que conoció la crónica nuevamente a través de sus trabajos, convertidos a un género de su mismo nombre, como Octavio Paz dijera de él.

No es secreto que Monsi fue siempre luchador social, velador de los derechos no reconocidos, impulsor de la cultura de las calles. Ciudadano. No hay mayor muestra de afecto, a mi parecer, que la que se observó en su homenaje de cuerpo presente en el Museo de la Ciudad, hoy por la noche: vestir su féretro con la bandera del arcoiris, pues para Carlos Monsiváis la lucha por el reconocimiento de la cultura Lésbico-Gay-Transexual-Bisexual (LGTB) fue también su lucha, una que ganó el año pasado, por fin.

Faltaron también las banderas de muchas mujeres, a quienes demostró solidaridad; la bandera de las letras, por quienes mostró el cariño de un dios creador de grandes ironías con disfraz de oraciones contextuales. Y muchas otras banderas: la del movimiento estudiantil de 1968, la de la sociedad civil de 1985. La bandera de México.

El gran cronista de la Ciudad. Hoy sus muchos gatos no recibirán ya el afecto de su padre amoroso, y nosotros ya no lo veremos más, como por azar, en alguna calle del Distrito Federal.

Que en paz descanse.

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